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Edición Noviembre 2009
“La mente de nuestros pueblos”
“La mente de nuestros pueblos”


¿Cómo amar a su pueblo, si no se ama así mismo; y cómo amarse así mismo, si no ama a su pueblo? ¿Cómo acercarme y conocerle a Dios, si no me conozco a mi mismo; y cómo conocerme, si no me acercó al creador?  -Los hombres que han hecho, forjado y moldeado a los grandes pueblos, no se han olvidado de exaltar y cantarle a su gente. “Un pueblo que desconoce y no valora su historia cultura e identidad, entonces está sumiso a la esclavitud servidumbre y desaparición” 

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Teodoro Rodríguez Muñoz  
 (Derechos reservados del autor)

“El color de las cúpulas”
    

Cuando le pusieron el nombre de “San Alfonso” a la iglesia recién terminada, el -Santo- puso el grito en el cielo, protestó y se extraño (contrariado resentido preocupado en apuros y un poco molesto)… “Del -por qué- de las mantas azules confeccionadas y revestidas en las cúpulas de su edificación, con cerámicos celestes, encargados y mandados a traer de Europa (Italia), para cumplir este acometido antojo intensión y capricho”; -Entonces- los cuencanos y la Santa Inmaculada le contaron al Santo conversando en una de las esquinas, que la iglesia de San Alfonso se construyó con los primeros planos, en inicios, elaborados para la catedral nueva de la Inmaculada; y que un Obispo volvió a pedir -otros planos- para una iglesia todavía más grande que trate de igualar la fe de los ahijados de la Virgen: “Fue así que por esa historia existen dos iglesias en la ciudad, con sus cúpulas celestes, en representación de los mantos azules de la Inmaculada, subidas tan altos en las torres, que se confunden con el cielo y las nubes.” (Patrimonio arquitectónico-religioso, Iglesia de San Alfonso, Cuenca, Ecuador)  

“El cantado morlaco”   

¡…Pues, se había quedado prendado y estampado en el habla y voz: -el arrastrado del río Tomebamba, los subes y bajas de las escalinatas de Todos los Santos y del Vado, la pausa eterna e infinita de las esquinas y recodos de las pocilgas y casonas de la calle Larga y el rondador y sonido interminable de los adoquines de piedra de sus callejuelas y angostas veredas -empujándose y dando saltos- uno por uno ¡Todo ocurrió en el susto magia y sorpresa de ver tanta belleza y beldad, el momento que abrió sus ojos!... “Es que después de oír el instante descanso e intervalo eterno, en el cabalgar y paseo elegante del bailado y entonación de las palabras, la gente se queda a vivir en Cuenca, para siempre” (Patrimonio antropológico, Dialecto local, Cuenca, Ecuador) (Fotos: Patricio Miller)   

 “Parque de las Flores”  

“Sólo” en nuestros pueblos a uno de sus parques le bautizaron con el nombre: “De las flores”, -razón motivo y pretexto de sobra- para que vengan en romerías, en la novedad y alagaría, a conocer y visitar en millares, turistas curiosos y cronistas, de remotos lejanos y distantes caseríos pueblos países y continentes (como también las golondrinas los mirlos los chugos el caballito del diablo y el picaflor), -para poder reposar regocijarse y descansar plácidos en su vergel y llevarse un amancay-. Y así regresar engreídos a contar y regar al mundo la primicia, de haber visto un huerto y jardín, rodeado de tapiales alargados: a una iglesia un convento sauces y una catedral (codeándose), y como guardianas cuidadoras jardineras y regadoras de las buganvillas y madres selvas: las fieles y afanosas hermanitas y monjas del Carmen del Asunción. (Patrimonio cultural urbano, Cuenca, Ecuador)  

Las cruces de resguardo  

Se han engendrado diferentes e innumerables leyendas y creencias a torno de ellas: fueron emplazadas y asentadas de gran tamaño, inicialmente apadrinando a las salidas y entradas de cada barrio y su sector, como resguardos y protección para buenos augurios del pueblo y terruño de su jurisdicción. -Entonces la omisión y desaparición de una de las cruces, se interpretaba en la anterioridad, como dejar desprotegido sin amparo y cuidado, a un determinado ingreso a la comarca, considerándose en la mitología cuencana: sacrilegio y una verdadera y descomunal tragedia, peligro y desventura para la ciudad y sus aldeanos-ahijados. (Patrimonio religioso, Cuenca, Azuay)

 
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