EL PARQUE CALDERON
Y SU ENTORNO

En 1557, Gil Ramírez Dávalos funda Santa Ana de los Ríos de Cuenca, de acuerdo a las disposiciones del Virrey del Perú Don Andrés Hurtado de Mendoza, que entre otras cosas considera el trazado “ortogonal” de la ciudad; es decir, cuadriculado (como el tablero del juego de damas), cuyos limites naturales eran por el norte la colina de Cullca, al sur la zona de El Barranco y el río Tomebamba, al este y el oeste los avalles comarcanos. En el centro de la traza se ubica la Plaza Mayor, en la que se establecen el Cabildo, la Iglesia Mayor y el comercio. De las cuatro esquinas de la plaza pública parten ochos calles en dirección de los puntos cardinales. En la mitad del solar adjudicado al fundador de la urbe se encontraba la calle Santa Ana, vía existente mucho antes de la fundación, que permitía a los grupos humanos aborígenes desplazarse al puerto de Bola, en la Costa de nuestro país.

Al momento de su nacimiento la superficie de la ciudad comprende veinte y cuatro hectáreas, que incluye 17 manzanas o cuadras. Posteriormente la ciudad fue creciendo poco a poco, lentamente; se levantan entonces los primeros monasterios y luego las iglesias. Los espacios urbanos se abren con la aparición de plazas y plazoletas como: San Francisco, Santo Domingo, San Blas, San Sebastián y otras, que fueron delimitándose con la edificación de viviendas de arquitectura modesta, pero llenas de luz, con el calor y olor a tierra de la que estaban construidas y de flores, hortalizas, plantas aromáticas y frutales que crecían en los patios, traspatios y huertos solariegos.
Así, pausadamente, en el transcurso del periodo colonial, Cuenca va construyendo su imagen urbana. En un plano atribuido a Tomás Rodil, presumiblemente elaborado en 1789 se constata que sólo falta por integrarse a su trama algunos sectores periféricos como la Avenida Loja, La Calle de los Herreros, y el área del actual sector del Corazón de Jesús. A finales del siglo XIX, se inicia la construcción de la Catedral Nueva, y al inicio del XX toda la extensión de El Barranco se convierte en un armónico y hermoso mirador para los numerosos habitantes de ese lugar.
LA PLAZA CENTRAL
ABDON CALDERÓN MUÑOZ 
Por su ubicación, desde siempre ha sido el núcleo de la ciudad; por todo lo que representa modificada a lo largo de su historia, cuenta el nacimiento de la urbe como ciudad.
Varios escritores evocan nuestra plaza central en descriptivos textos como el lugar donde descubrieron el significado especial de las expresiones culturales propias, evidenciadas en las costumbres y tradiciones más arraigadas. De ellos hemos extraído párrafos que rescatan imágenes y vivencias de este lugar.
“.....Se inicia la policromía de luces en los grandes castillos encendidos; los rastreros, los cohetes japoneses de mil colores; y hace el terror de los niños la “vaca loca”.
La plaza es una ascua de luces; a su rededor humean las frituritas y se percibe su apetecible olor de delicias. Se acercan los jóvenes, parientes o amigos, o, acaso, interesados en presuntas novias es para ofrecer charoles con la deliciosa confitura. Copas de vino circulan, venido de la generosa Francia....” Cornelio Crespo Ordóñez Las Fiestas del Septenario.
“...Mis pasos, acaso por costumbre, se han enderezado hacia las solitarias veredas del parque. Me dan en el rostro, me llenan el alma los olores fragantes del jardín. El parque frondoso tiene misterios de bosque y extraños vericuetos de selva. Por entre los brazos abiertos de los pinos brillan las estrellas, ¿Son ojos de mujeres que miran de lo alto o pupilas acechantes de felinos encaramados en los pinos?.
Escalo la verja y adentro. A veces retoza en mi una ignorada alma de pilluelo. Voime a sentar en el centro del parque, sobre los sillares de la fuente, a la sombra de los pinos. Pinos como no los tiene ningún parque que conozca. Altos pinos esbeltos, pinos altivos sin fanfarronería, pinos finos de altas ramas que se abren armoniosas y el viento las hace estremecer y se balancean levemente como sabios que meditasen, como poetas de melenas largas que en la serenidad de la noche dijesen poemas serenos....” Gerardo Gallegos Filosofan los Pinos
El parque ha sido un lugar especial, ha tenido cambios en su forma pero siempre reflejara la esencia de la cuencanidad. También ha sido el reducto casi natural de mucha gente, que encontraron en este espacio cobijo y calor humano: jubilados, “jorgas” de amigos, enamorados, fotógrafos, revisteros, lustrabotas,etc.
El Parque Calderón a sido el núcleo o corazón de la ciudad, a partir del cual se expande el tejido urbano hacia otros sectores considerados en la traza o planta fundacional.
Al inicio en la fundación de Cuenca se llama Plaza Pública y, de acuerdo a las instrucciones de Hurtado de Mendoza, esta debía ser rectangular y medir no menos de doscientos pies de ancho por trescientos de largo “que sea tan grande como la mitad de la ciudad de los Reyes” (se refería a Lima); sin embargo, no se le da esta forma ni tampoco llega a tener esas dimensiones. En aquella época tiene piso de piedra y tierra compactada; en el centro se emplazan la cruz evangelizadora y la picota o Rollo en la que se ajusticiaba a los que quebrantaban la ley, mismas que mucho tiempo después se las retira, para, en el año 1751 reemplazarlas con la pileta o fuente de mármol, fecha en la cual se la denomina Plaza Grande o Mayor, después Principal y de Armas. Posteriormente en las primeras décadas del siglo XX se la conoce como Vargas Torres, y desde 1932 lleva el nombre de Parque Abdón Calderón, cuando se coloca la efigie del Héroe Niño en bronce fundido, obra del escultor Carlos Mayer.
En este emblemático espacio urbano han tenido lugar los principales hechos históricos vividos por Cuenca, tanto los de carácter social, político y religioso como los de simple entretenimiento; Al respecto narran los historiadores que en la Colonia los cuencanos asistían a las corridas de toros, funciones teatrales, mascaradas, etc. Sin embargo, también nos relatan significativos acontecimientos ocurridos en épocas posteriores: importantes sublevaciones, dramáticos fusilamientos, entusiastas reconocimientos y concurridos cortejos fúnebres. En suma, la Plaza Mayor ha sido escenario de los procesos históricos más relevantes, así como intérprete y testigo de su propia evolución y la de toda la urbe.
Así, a pocos años de la independencia se construye el edificio del Municipio, hoy derruido. Más tarde en 1875, se platan las araucarias traídas de Chile por el presidente Luis Cordero. Por esos años comienza a cambiar la imagen arquitectónica de su inmediato entorno, con el aporte de arquitectos y artistas europeos, sobre todo franceses, quienes introducen nuevos estilos y diseños que reproducen en Cuenca las edificaciones parisinas; siendo el antiguo Colegio Seminario la primera construcción de influencia europea. Más tarde, en 1885 comienza a levantarse la Catedral Nueva, obra del alemán Hno. Juan Sthiele. En los últimos años del siglo XX se rodea al parque con hermosas verjas de hierro. Para las primeras décadas del nuevo siglo, la mayor parte de casas civiles que delimitan al parque ya estaban construidas. En la esquina de las calles Bolívar y Luis Cordero se prende la primera bombilla eléctrica, corría el año de 1914. La modernidad y sus implicaciones se hacían presentes. A principios del siglo XXI el parque es sometido a una remodelación integral proyectándose un nuevo diseño en el que las flores son las protagonistas; se colocan nuevamente verjas de hierro forjado y la glorieta, reintegrando estos bellos elementos que fueron retirados a mediados del siglo XX.
LA CATEDRAL VIEJA

La Iglesia del Sagrario, mejor conocida como Catedral Vieja, es la construcción más antigua de Cuenca, ya que nace al momento de su fundación en 1557, cuando en el trazado de la ciudad se designa un área de terreno (una manzana entera) para su construcción que comienza diez años después, utilizando en sus cimientos piedras “almohadillas” traídas de la antigua ciudad inca de Tomebamba. Don Andrés Hurtado de Mendoza, dona los primeros fondos para la obra, 1000 pesos; dispuso además que los “novenos” de los diezmos que se recaudaran por la venta de predios o sitios de la ciudad se asignen a la obra.
Desde el inicio de su edificación los habitantes contribuyeron así el Cabildo, los alcaldes, regidores y demás personajes de la administración; el pueblo apoya realizando “mingas” y se nombran mayordomos para administrar el trabajo. Para 1573 estaba construida la mayor parte del inicial templo, sus capillas y altares.
Con el paso del tiempo se hacen nuevas adecuaciones y se emprenden labores de ornamentación que embellecen sus espacios; altar mayor, naves laterales y capillas que cubren literalmente con pintura mural a partir del siglo XVIII hasta 1924, año en el que se termina con los motivos pintados por Nicolás Vivar; igualmente innumerables imágenes religiosas tanto escultóricas como pictóricas “pueblan” sus paredes y retablos.
La iglesia Matriz ha sido escenario de relevantes sucesos; entre ellos, la medición del arco del meridiano terrestre que la Misión Geodésica francesa la lleva a cabo en 1736, sirviéndose de la torre que se mantuvo en pie hasta 1788. La que conocemos ahora se la construye entre 1867 y 1868. Es importante conocer además que el primer órgano que tuvo Cuenca (existente hasta hoy) se lo instala en el coro de la iglesia Mayor en el año de 1739. Su elaboración es obra de Don Antonio Esteban Cardoso. El primer reloj público de la ciudad se lo instala en 1751 en el campanario que daba a la calle Sucre.

La parte final de su construcción se la hizo entre 1920 y 1924. Por estas y otras razones la Catedral Vieja es el monumento religioso más significativo de la región, representa el testimonio de la acción evangelizadora y el adoctrinamiento cultural hispánico, pues permitió un mestizaje que, con el tiempo, produjo un compartir de conocimientos, creencias, costumbres, técnicas; es decir, de cultura. Se estaba creando entonces un conglomerado humano, una idiosincrasia y una manera de ser peculiares. A la Iglesia Catedral llegaron primero las manifestaciones artísticas e incuestionablemente es en este espacio en el que emplaza la primera imagen escultórica, la primera pintura, el primer altar, el primer retablo....etc.
Consecuentemente la presencia de la Catedral Vieja, no sólo manifiesta la estructura física de un monumento religioso cuya estampa actual se ha ido conformando en fases sucesivas, sino que, sobre todo, registra la gestación y modulación de una unidad de estilo de nuestra patrimonial urbe.
En la actualidad esta antigua Catedral se ha convertido en uno de los más hermosos museos de arte religioso del país.
ANTIGUO SEMINARIO, ACTUAL CORTE DE JUSTICIA DE CUENCA

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, Cuenca experimenta cambios radicales de distinta naturaleza producidos por un nuevo auge económico. En ese lapso de tiempo se empieza a exportar a Europa los sombreros de paja toquilla. Este período de prosperidad trajo como consecuencia que la ciudad se convierta en el tercer polo de desarrollo del país, no solo por el desarrollo material sino, específicamente, por el avance cultural y espiritual. En este contexto, en 1864 se crea el primer colegio con el nombre de “San Gregorio” y pocos años después en 1868, la Universidad Estatal.
Empero, un año antes (1867) se inicia la nueva construcción destinada al funcionamiento del Colegio Seminario (hoy de propiedad de la Universidad Católica de Cuenca), construida por los arquitectos; el quiteño Mera y el francés Frevillers, obra arquitectónica que inaugura la nueva imagen urbana del ámbito central de la urbe y marca definitivamente la transición entre las formas de arquitectura local más sobresalientes hasta este momento y los modelos traídos de Europa, que años después serán los predominantes, sobre todo en el centro de la ciudad.
Es importante señalar que al proyectar y edificar este inmueble, se respetaron e incorporaron a su arquitectura los tradicionales “portales”, que estuvieron presentes en las casas que rodeaban al parque durante todo el período colonial y el comienzo del republicano.
El Colegio Seminario ocupa casi la mitad del manzano, con frentes o fachadas hacia la calle Bolívar y al Parque Central; sin embrago, esta última presenta una imagen arquitectónicamente más rica por la presencia de tres torretas rematadas.
La historia de de la institucionalización y funcionamiento de esta entidad se remonta a 1802, cuando por iniciativa del tercer Obispo de Cuenca, Francisco Javier de la Fita y Carrión se crea el Seminario. Este era el instituto de formación del Clero, y durante muchos años el único plantel de enseñanza secundaria y aún superior que funcionaba tanto como internado y externado. Entre sus profesores se destacan los nombres de Federico González Suárez, Daniel Hermida, Julio María Matovelle, Nicanor Aguilar, etc.; que tuvieron como alumnos a Luis Cordero Crespo, Benigno Malo, Remigio Crespo Toral, Rafael María Arízaga y muchos hombres que descollaron a nivel nacional e internacional.
En este local funcionó por un reducido lapso de tiempo el Colegio Rafael Borja, y en la actualidad un colegio religioso y varios locales comerciales.
CATEDRAL DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN la Catedral Nueva

La aspiración de construir un templo de características únicas en la ciudad de Cuenca fue del Obispo Estévez de Toral, quién solicita a Roma la autorización, misma que es aprobada en noviembre de 1874 por el Papa Pío XI, no obstante el obispo Estévez de Toral no pudo ver cumplido su sueño ya que fallece en el año de 1883. Le sucede el Obispo León Garrido, quien proclama el comienzo de un gran proyecto con esas palabras “deseo una Catedral tan grande como mi fe”.
La congregación de Redentoristas decide el traslado del Hno. Juan Bautista Stiehle (Alemán) para construir el convento y la Iglesia de ésta comunidad, debido a su gran capacidad como constructor, ebanista y escultor. Posteriormente se le encarga la elaboración de los planos y la construcción de la Catedral, mediante una acta realizada en febrero de 1883.
Para poder dar una idea cómo iba a quedar la catedral, se encarga al escultor M. Figueroa que bajo las indicaciones, del Hno. Juan, construya una maqueta, que fue exhibida en el año 1904. El Hno. Juan dedica 14 años de su vida a la construcción de la misma, pero no pudo ver terminada por las colosales dimensiones, la falta de maquinaria y equipo, escasez económica y otros factores. El Hno. Juan muere en 1899.
La duración de la obra se prolonga durante 82 años, las torres que estaban diseñadas no pudieron ser concluidas por temor a que el Hno. Juan se hubiera equivocado en los cálculos. Se realizaron estudios y cálculos, que confirman la consistencia suficiente en los cimientos y la solidez del subsuelo, por lo que no existiría inconveniente en terminar las torres de acuerdo a los planos originales.
La República Federal de Alemania y al Arquidiócesis de Munich tienen el padrinazgo de la Iglesia, razón por la que las autoridades donan a la Catedral las campanas, mismas que llegan a Cuenca en 1983. En ese tiempo no se conoce con certeza la firmeza de su estructura, por lo que el Obispo no se atrevió a instalarlas en las torres. Durante algunos años estas quedaron en la entrada de la Catedral, ahora se encuentran en Guayaquil y se espera que algún momento retornen a nuestra ciudad para ser colgadas en el lugar al que estaban destinadas.
DATOS SOBRE LA NUEVA CATEDRAL

El templo reúne una mezcla de los elementos artísticos del Bizancio, del Romanticismo, del Renacimiento y, sobre todo, del estilo Neogótico en su arquitectura. Su aspecto exterior es impresionante, la fachada con dos torres sobre un pórtico, una nave central con tres cúpulas grandes y tres pequeñas, un presbiterio con una casa particular adosada. En el interior, se abre ante los ojos del visitante todo el basto complejo del Sagrado Recinto: la nave central, dos naves laterales, el presbiterio con dos sacristías y sobre estas dos coros secundarios y el principal, debajo de la iglesia hay una cripta que sirve como cementerio.
La longitud de la Catedral es de 150 mts., el ancho de 43.5 mts. y la altura hasta las torres es de 41 mts. Se calcula que la capacidad de la Catedral es para 8.000 personas. Los cimientos son de piedra con mortero de cal y arena, las paredes de ladrillo, con muchos elementos de mármol rozado y mármol de Carrara (Italia).
Tiene la siguiente síntesis histórica:
1874-1886: Estudios y planos por el Hno. Juan Bautista Stiehle, religioso redentorista alemán, por encargo del Obispo Miguel León.
1885.- Domingo 25 de Octubre se comienza la excavación para la construcción.
1933.- Se completa la cripta y se llega a una altura de 5 mts. en las paredes de las tres naves y las torres.
1940 - 1954.- Se logran terminar las tres naves con sus seis cúpulas y 2 torres, hasta la altura actual, bajo el obispo Daniel Hermida, la dirección del Canónigo Manuel Palacios Bravo y el jefe de obra Maestro Luis Chicaiza.
1954.- Ordenación del PRIMER ARZOBISPO DE CUENCA, Mons. Manuel Serrano Abad y primer uso masivo de la catedral.
1956 - 1967.- Se concluye el interior, el Baldaquino sobre el altar, piso de mármol, iluminación y sonido, bajo la Dirección del Arq. Gastón Ramírez Salcedo.
1967.- Consagración de la Catedral por Mons. Gabriel Díaz Cueva. Obispo de Azogues durante el IV CONGRESO EUCARÍSTICO NACIONAL.
1970 - 1972.- Estudios y planificación de TERMINACIÓN DE LAS TORRES por el Arq. Gastón Ramírez Salcedo e inicio de obras de refuerza y uso interior de las mismas que tendrían una altura aproximada de 65 mts. según Aprobación Municipal del 9 de noviembre de 1971.
1971.- Posesión del Segundo Arzobispo de Cuenca Mons. Ernesto Alvarez.
1977.- Arribo de los restos del SANTO CUENCANO HERMANO MIGUEL a su altar, traídos el día de su canonización, por el Cardenal Pablo Muñoz Vega.
1980.- Posesión del Tercer Arzobispo de Cuenca Mons. Luis Alberto Luna Tobar.
2000.- Posesión del Cuarto Arzobispo de Cuenca Mons. Vicente Cisneros Durán.
CASA DE LA FAMILIA ORDÓÑEZ MATA
Es una de las primeras casas particulares de influencia arquitectónica francesa construida en Cuenca. Sus propietarios los esposos Don Miguel Ordóñez y Doña Hortensia Mata contratan a artistas franceses con el fin de que se encarguen del diseño, construcción y decoración de sus numerosas viviendas; entre ellas la que está situada entre las calles Luis Cordero y Bolívar.
A finales del siglo XX arriba a la ciudad el artista parisino René Chaubert y en, las primeras décadas del XX el artífice Guiseppe Majon. Ellos no sólo introducen los modelos y gustos europeos en la arquitectura y la ornamentación, sino que además, transmiten sus conocimientos a los artesanos cuencanos como lo hiciera años atrás el arquitecto alemán Juan Stiehle.
Esta mansión es recordada por varios escritores cuencanos que vivieron en esos años, como el lugar donde se ofrecían inolvidables veladas artísticas a las que asistían los más brillantes intelectuales de Cuenca y del país. Músicos europeos ofrecían conciertos de temas clásicos; los poetas dedicaban sus últimas creaciones a los anfitriones; brillantes conferencistas y oradores deleitan a los concurrentes. Además en sus salones tenían lugar las más celebradas recepciones y fiestas en las que se brindaba con champaña traída de Francia y se obsequiaban valiosos recuerdos.
NOTA: Textos y fotos Revista Cuenca Ilustre, prohibida su reproducción total o parcial sin autorización de sus editores