La cara de Ingapirca
Los cañaris fueron por naturaleza escultores y talladores de obras artísticas a gran escala, que adecuaban en los accidentes geográficos y naturales que consideraban sagrados. La cara del monarca o de Ingapirca -puede ser- una de las últimas esculturas y representa el aporte y regalo cultural-escultural del apoteósico y experto pueblo cañari, enriqueciendo así: la simbiosis, mezcla y amalgama étnica-cultural de dos grandes pueblos; plasmado entonces y novedosamente en el “homenaje imperecedero de estos hombres a su raza”, impregnado para los siglos y generaciones en la imagen, rostro o “cara imponente de piedra colocada de costado y perfil” que se puede apreciar amplia y abiertamente desde una extensa cosmovisión y estrategia de visual lateral-vertical topo-geográfica, y que se integra también como otro aporte concepto y definición a la mitología anexándose al mosaico de las caras talladas-cañaris monumentales. (Ésta vez la cara del monarca de Ingapirca -no simboliza- como el rostro acostado de Shabalula en: “una entrega, tributo o dádiva para los dioses”; sino más bien la misma representa o se constituye en su posición lateral: “la ostentación y alarde imperial ante los demás hombres y pueblos”). No existió sometimiento bélico y forzada imposición de los incas a los cañaris, hubo enmarcados acuerdos socio-políticos-culturales, se evidencia en la historia la gran resistencia que generó el pueblo cañari. ERROR ARQUEOLÓGICO: El erróneo nombre adoptado en la historia contemporánea como: “Cara del Inca” a una escultura u obra monumental de autoría de los cañaris, corresponde hasta ahora a un error arqueológico e histórico imperdonable y descomunal, equivocación dada en la denominación de la arqueología no muy contemporánea, pues la escultura es de autoría y creación de la cultura cañari. (Las primeras esculturas y gravados estaban ya implantadas anterior al castillo de Ingapirca y su trabajado e incisiones en las formaciones de la roca son de data primitivas y arcaicas, como también posiblemente la cara del monarca (la última esfinge) estaba implantada antes o de trabajo de fechas paralelas a la edificación inca). Existen evidencias que prueban que estuvieron vestigios cañaris anteriores y debajo de las ruinas de Ingapirca como coexistió también luego evidencias contemporáneas de un adoratorio religioso-católico español encima de las ruinas de Ingapirca, muy común como parte del acervo o influencia cultural y religioso pasado; pues los incas estuvieron poco tiempo en el austro mientras que las esculturas datan de fecha de decenas de miles de años atrás.
La cara de piedra de Shabalula

El rostro de piedra tallada de Shabalula, es una escultura más del mosaico arqueológico de los cañaris; curiosamente la cara de Shabalula, se encuentra acostada observando a la diosa Luna (con el semblante hacia arriba), tallada en roca, desde una posición provocada o deliberada en su elaboración, ubicada en el cantón Sigsig; la misma que se encuentra incrustada e implantada en el suelo en un sentido horizontal. Existe permanentemente en cada escultura o gravado gigante, una intención permanente escondida preestablecida, en la que se hace conocer parte de la mitología cañari; en este caso en la cara de Shabalula, con: -la contemplación o veneración del hombre cañari a la diosa Luna: “en la eterna mirada”, como un tributo para el deleite de la Luna (desde arriba) como su tótem o diosa-. LA ETERNA MIRADA: En el análisis de la posición deliberada de la -eterna mirada hacia arriba del rostro gravado acostado reverente- con connotaciones religiosas, sociológicas, mitológicas y filosóficas, que simboliza en la esfinge el ánimo de perennizar a una raza o cultura ancestral-milenaria para los siglos, encontrándose latente el homenaje imperecedero, respetuoso y altivo a la diosa de los cañaris (deliberadamente el concepto y definición de la reiteración y lo infinito siempre se encuentran presente en la cultura cañari). Se observa intacta y viva, como condición pura, innata: lo perenne; prevaleciendo en lo mundano y la definición y en simbiosis: la cosmovisión e interpretación que tenía este pueblo en el concepto de ver lo infinito, la eternidad; circunstancia ésta siempre presente en estos hombres: repetitiva y reiterada. Como es característico en estas esculturas a gran escala, cerca del rostro de piedra tallado se encuentran vestigios arqueológicos propios de la cultura cañari.
Caras de piedra de Huasipamba
En el textura artística-cultural de las caras gigantes talladas en piedra de los cañaris, se identifican o bifurcan claramente en tres contextos, connotaciones o corrientes definidas y establecidas: 1) Religiosos y filosóficos: tributos 2) Bélicos y de estrategia o posición guerrera: resguardo y amedrentación. 3) De ostentación, homenaje o perennidad: en la impresión de grandeza imperial y reivindicación de su raza para los siglos. La cara de Shabalula fundamenta, sustenta y arraiga una connotación y conceptuación religiosa-teológica y filosófica en la contemplación, reverencia y veneración sideral (enumerando también entre otros rostros esculpidos en el austro aunque en menor ahínco como las Caras de piedra de: Girón, Padre Urco (Cajas), ciudad de Cuenca (parroquia de Llacao). Mientras que las correspondientes caras gigantes y monumentales de Huasipamba (Shaglli), Rumalda (Soldados) y Carachula (Santa Isabel) encierran en la conceptuación pronunciadas connotaciones socio-psicológicas-bélicas y de estrategia guerrera, en la impresión de las caras de piedra: de resguardo y amedrentación-figurada (no olvidemos en la historia que el pueblo cañari siempre fue guerrero). CONNOTACIONES: La vanguardia, novedad y perfeccionamiento en la técnica y tema artística-cultural-continental sociológica-bélica y guerrera, se dio en mayor escala y sobriedad curiosamente en los rostros aislados de las esculturas y gravados gigantes de Huasipamba y Carachula, constituyéndose el epicentro regional y la cúspide del afloramiento de la práctica escultórica en la mencionada corriente y de la arquitectura constructiva en el arte de la cultura cañari (Fotos de Huasipamba archivos M. S. I.). Encontrándose mientras cerca de las caras de la Rumalda jeroglíficos gravados en piedra gigantes; como resulta también en parentela y parecida connotación las esculturas de la isla de Pascua en dirección a los polos del cono sur americano con la novedad y relación directa con las caras talladas de piedra del austro aunque en la exposición y exhibición múltiple-colectiva artística cultural. En la provincia de Loja existen esculturas gigantes y restos arqueológicos con apego cultural-artístico a los vestigios encontrados en las inmediaciones de los rostros de Pascua.
Otras caras talladas gigantes

Los rostros esculpidos y adecuados en roca se reiteran en toda la geografía del austro como también continental americana, mostrando así entonces una interrelación cultural mitológica intercontinental; aunque curiosamente en el austro se encuentran en acopio y en estrechez geográfica el amontonamiento de las mismas y en condición subgéneris, especial, enriquecida y providencial el epicentro de gravados y esculturas apoteósicas de los dioses y tótems cañaris perennizados en los siglos (la desaparecida culebra sagrada cañari entre otras). Está estampado también el origen de la raza como la perfección de la contemplación, veneración y reverencia religiosa en Shabalula; situaciones y parámetros arqueológicos que individualiza a Sigsig como un terruño de enorme y elegido potencial patrimonial arqueológico continental. Enumerando otras caras gigantes de piedra en el austro: Caras Gigantes de: La Rumalda (Soldados), Rostros de piedra de la parroquia de Baños y muchos más emplazados y existentes en el anonimato en la zona austral (Existiendo en el Austro muchísimas caras gigantes de piedra precolombinas más, labradas y readecuadas por la mano del hombre; representando la zona austral como el origen y semilla donde nacen las esculturas que luego se riegan en el continente)
